No son solo los pájaros

de Juan Pablo Salcedo

Colegio Alemán. Grado noveno.

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Un soplo del viento cambió todo.
Causante de aquel momento espantoso.
Si te lo contara cuerdo me creerías poco
porque es increíblemente horroroso.
La naturaleza no estaba trinando.
Era un invierno gélido y árido.
En aquel pueblecillo británico
donde empezó un cuento de espanto.
Toda clase de pajaritos
acabaron con la tranquilidad:
petirojos, halcones y gaviotas.
No hacían más que aterrorizar,
parecían poseídos por el odio humano.
Aunque su actitud era explicable,
¿el hambre y el frío era el causante?.
Nadie sabe el verdadero culpable.

En el cuarto de mis hijos
Comenzó la emboscada,
Los niños solo lloraban
en aquella madrugada.
Entré corriendo a la estancia,
colmada de alados bandidos
con astucia y perspicacia
comencé a matar a los enemigos.
No son solo los pájaros.
Era algo impensable.
No son solo los pájaros.
Los voladores rapaces.
La radio anunciaba lo sucedido
habían prevenido a toda la nación.
Salí a sepultar a los pajaritos
de pronto el viento se los llevó.
Corrí a preparar el escondidillo
Jill se acercaba a la estación

El señor Trigg a mi hija se llevó.
Empezó otra vez la matazón
La gaviota negra sin compasión.
sobre mi descendió.
Arrastrando una bandada en picada
Yo solo pude cubrirme la cara.
Picoteado entré a la casa,
protegida por astilladas tablas.
La angustia de mi familia
me recordó lo frágil que es la vida.
No son solo los pájaros
Lo supe al escuchar ese estallido.
No son solo los pájaros.
La guerra me lo había dicho.
Aves desesperadas por entrar
a la calidez de mi dulce hogar
se sacrificaban por poder encontrar
una pequeña abertura para ingresar.

Al quedarme dormido
el fuego se había consumido;
la oportunidad de los enemigos
se abría paso a un camino.
Toda la noche sucedió lo mismo
La casa apenas había resistido.
Un suspiro me dijo:
“Ahora puedes estar tranquilo.”.
Salimos a reabastecernos,
el pueblo estaba muerto.
Esperamos ver a alguien
esto fue un deseo desesperante.
La marea anunció el ataque
Nos resguardamos en ese instante.
No son solo los pájaros.
O por lo menos no eran los responsables.
Esperé, mientras se escuchaba el chasquido
Esperé, mientras se astillaba la puerta
Esperé, mientras me fumaba el último cigarro
Y acepté que no importaba estar más alerta.

The End.

Gracias por leer mi escrito.