Es necesario exorcizar sentires,
por eso te escribo y describo inefable alma.
Instrumento elocuente y perenne en el andar mío,
te canto a ti cortos versos.
Con nuestro primer verso, vaya grave poema.
No sabía, no podía saber la magia que escondía dentro de mi cuerpo,/
en mi piel ya habitabas tú.
En cualquier instancia, lugar del mundo, a la luz fiel de la luna,
o en el despertar amarillo como tus mariposas,
sentados en la orilla de un nuevo beso condenado
al amor verdadero inexistente dentro de esta soledad,
espero también encontrarte.
Padre del amor en mi mundo,
tu espíritu, alma, lienzo dulce como el recuerdo.
¿Que viste en mí que aún no pueda ver?
Renacen dentro de mí vidas nunca vividas.
Como el mar a la lluvia,
desbordas con profundo júbilo mis días rubios
que extrañan tu volar amarillo.
Fue tu voz la que siempre me mantuvo libre.