Morir es fácil

de Paula Riascos

Colegio Colombo Británico. Grado once.

Ilustración: Sofía Coupland. Grado sexto. Colegio Colombo Británico.

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El cuarto está oscuro y las manos me tiemblan,  tengo este enfermo sentimiento de que algo saldrá mal. Las manchas negras están sentadas en unos oxidados pupitres consumidas por las exhaustivas preguntas del examen de las masas. Para responder,  solo tienes que someterte a quince años de  una educación mecanisante, manipuladora y competitiva, que no te enseña a pensar sino a cómo contestar,  que no te enseña a aprender sino  a memorizar.


“¿ A quién admiras más, a un investigador de biotecnología, a un ingeniero técnico o a un fotógrafo?”

Genial, pensé, la primera pregunta del examen Gaokao y ya me dan ganas de matarme.  Pero ¿Cómo podría Yo, Li Yichen Macgregor hija de Gaoki,  la biotecnóloga más renombrada de China y de Sao, el CEO de Stevens&Stevens, apagar mi fuego? Sería una  deshonra para mi familia y para China entera que mis padres perdieran ambos hijos por el examen que decide en qué se convierte tu vida,  la universidad en la que entras, las personas con las que te relacionas, tus profesores y tu status social. Mi hermano, Yin, se desprendió del hilo rojo atado por el abuelo de la luna, dos años atrás, él no pudo aguantar más las crueles palabras de mis padres y la imposición de sus maestros para que resolviera las ecuaciones de Navier Stoke.  Sin importar los artículos publicados en el periódico de la gran pérdida china, para mí, Yin será  siempre ese músico apasionado por La Vals Sentimental  nº6   op. 51  de Tchaikovski, mí ángel guardián, mí antítesis. Después de su muerte, mis padres  ordenaron a mi escuela Hebei colocar vallas en las ventanas de las habitaciones para impedir que más estudiantes dieran un salto en falso.  Después de todo, el colegio dependía de anónimas donaciones otorgadas mensualmente.

 Desde la partida de mi hermano, lo único restante para el orgullo de mi familia fue interesarse por su hija perdida, su hija a quien no conocen, interesarse por mí.

Detrás de mí escuchaba un  ensordecedor zumbido  de resistencia,  de una máquina inventada por el hombre que desafía las  leyes físicas. El ruido del dron que recorre las mesas me despertó de mi soñar despierta, miré adelante, a mi mejor amiga, Sun, gotas de sudor caían por su rostro, mientras nerviosamente se tocaba la frente, “pobre de ella” pensé con lástima.

Sabía lo que había sucedido  la última semana y que toda su vida dependía del resultado, pero, tu vida no debería depender de un examen   Al fin y al cabo ¿Qué es la vida? ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué me dedico a estudiar y no a disfrutar de la vida si me voy a morir? ¿Prefiero morir con recuerdos sin diversión, o, vivir una vida bienaventurada?

La muerte, el abandono, son la energía que prende el bombillo de la vida, las dudas, las preguntas existenciales, la muerte solo te recuerda que nada tiene sentido. Mi madre, hija de un católico-irlandés y una china atea, empezó a creer en el Dios católico desde la partida de Yin. Mí abuelo Macgregor le hizo una misa a mi hermano porque en su cabeza es un pecado suicidarse,  pero es más pecado no dar importancia a las enfermedades mentales.  Suicidarse puede ser lo único que tú decides en la vida. Mi madre necesitaba creer que mi hermano estaría en un lugar mejor, necesitaba esperanza. En parte, la religión nos da consuelo en tiempos oscuros y ella acababa de perder la única persona que iluminaba su ser. Claro está, que para lo que restaba de la comunidad científica ella siempre sería una devota atea creyente de la teoría del Big Bang, Darwin  y la selección natural, el genoma humano, eva mitocondrial y la evolución.

Mientras filosofaba, la gran ave mecánica hecha de cobre y sudor de trabajadores que dan más de lo que ganan se acercó a Sun, luces blancas reflejaron su examen, dos grandes señores,  ambos con un ridículo bigote y una panza del tamaño de Texas se la llevaron fuera del tormentoso cuarto. Ella volteó en busca de mis ojos miel mientras decepción  llovía de los suyos.

-Egoísta- suspiré  entre dientes.

  Hizo lo que le rogué  por muchas semanas que no hiciera, desperdició su única oportunidad de ser libre por mirar un par de palabras escritas en su cuerpo, si solo, se hubiera abstenido de hacerlo. Sun sería para siempre catalogada como un fracaso, ella, mi mejor amiga, iría directo a la cárcel.

 ¿Cómo podría, Sun, abandonarme? ¿Por qué me dejo afectar por su decisión de arruinar su vida? Sun era la única persona con la cual podía ser libre. Ella me enseñó el significado de la amistad, quizás el secreto más valioso que alguien pudo darme.

-Verás-me decía con su sonrisa glaseada -La clave de la felicidad está en la conexión humana, en las personas que decidimos amar. No podemos escoger quién nos va a herir, nuestros padres, el lugar donde nacimos, pero, podemos escoger entre conquistar el mundo o amar. Tú, puedes renunciar a todos por perseguir tus sueños de lujos y mansiones, pero, la vida no se trata de cuánta plata ganemos, o si somos científicos, empresarios o abogados, la vida se trata de…. a quién tú decides  amar.-

Sus palabras eran música para mi oído, música cuya armonía era tan profunda que me hacía reflexionar.

-Conquistando el mundo le abres la puerta a la soledad-  le dije lentamente.

Nuestras noches consistían de fiestas, baile y la excitación de vivir en el momento,  solo por un momento, por una centésima de segundo olvidamos el dolor, olvidamos la vida. Con una  voz rota después del cuarto trago de baiju, Sun suspiraba

-Ojalá tuviera la oportunidad de escoger mis padres- Repetía todas las noches en la disco – ¿Quién merece vivir una vida de temor, y sufrimiento? ¿Qué hice yo para merecer estos morados al rededor de mis ojos? – Estas fueron siempre  las palabras más honestas que me pudo decir mi mejor amiga. ¿Por qué Sun? ¿Cómo pudiste desperdiciar tu libertad?

El reloj marcaba ocho horas y cincuenta y cinco minutos, solo cinco minutos más de sufrimiento, casi nueve horas y yo no había pasado siquiera de la primera pregunta, de pronto no admiro  a nadie, tal vez, solo tal vez debería seguir los pasos de mi hermano, pero, ¿cómo podría yo desperdiciar mi vida?  ¿Por qué debería morir? todo aquel que diga que morir es más difícil ha de ser llamado mentiroso, por que la vida duele, cada segundo de ella, pero está dentro de nosotros pelear de vuelta y escoger nuestro camino, o nos unimos a la mancha negra o nos convertimos  en revolucionarios.

The End

Gracias por leer mi escrito.