Genial, pensé, la primera pregunta del examen Gaokao y ya me dan ganas de matarme. Pero ¿Cómo podría Yo, Li Yichen Macgregor hija de Gaoki, la biotecnóloga más renombrada de China y de Sao, el CEO de Stevens&Stevens, apagar mi fuego? Sería una deshonra para mi familia y para China entera que mis padres perdieran ambos hijos por el examen que decide en qué se convierte tu vida, la universidad en la que entras, las personas con las que te relacionas, tus profesores y tu status social. Mi hermano, Yin, se desprendió del hilo rojo atado por el abuelo de la luna, dos años atrás, él no pudo aguantar más las crueles palabras de mis padres y la imposición de sus maestros para que resolviera las ecuaciones de Navier Stoke. Sin importar los artículos publicados en el periódico de la gran pérdida china, para mí, Yin será siempre ese músico apasionado por La Vals Sentimental nº6 op. 51 de Tchaikovski, mí ángel guardián, mí antítesis. Después de su muerte, mis padres ordenaron a mi escuela Hebei colocar vallas en las ventanas de las habitaciones para impedir que más estudiantes dieran un salto en falso. Después de todo, el colegio dependía de anónimas donaciones otorgadas mensualmente.
