¡Ojo con la sal que trasmite energías!

de Valeria Guzmán Giraldo

Colegio Jefferson. Grado octavo.

Ilustración: Laura Rodríguez Brieva. Grado séptimo. Colegio Jefferson.

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Ya hay frutos en vez de ríos corruptos, de las lágrimas se cosecharon soluciones, Camilo solucionó esta vaina tan injusta que pasaba.

El martes vi a Tatiana, no pasaba hace rato por el río, tenía los ojos todos hinchaditos de tanto llorar, se veía que estaba enguayabada tras la muerte del señor Julio, su abuelo, cómo no lo iba a estar. Esta vez pude contar tres mil lágrimas brotar de los ojos castaños de Tatiana, tres mil probabilidades de que esta tragedia se repitiera, pero en la vida de unos de los campesinos que viven unos pueblos más abajo.

A eso de las cuatro de la tarde pasó por sexta vez en la semana el niño Pablo, un niño bien zumbambico, que con tan solo en diez años pasó por el río mínimo tres veces por semana. Paré un poquito la oreja y escuché que esta vez lloraba porque la producción de tabacos de sus padres iba mal, y no habían podido mercar nada para esta semana. A Pablito le logré contar dos mil seiscientas lágrimas, esta vez fueron menos que ayer que lloró por el cáncer que tenía su madre y llegué a contarle cuatro mil quinientas gotas a lo largo de todo su silencioso llanto. Después de esto, como es de costumbre, no se volvieron a aparecer por aquí, esto quiere decir que efectivamente un desafortunado del pueblo de más abajito ya sufrió una de estas desgracias.

Hace poco evidencié uno de los llantos más devastadores que he podido presenciar, el caso de la señora Marina: su esposo había sido secuestrado, su hijo que se dedicaba al  narcotráfico, quien era una tremenda calilla, fue encarcelado por un montón de tiempo;  la pobre tenía los ojos deshidratados y la piel seca de tanto chillar. Fue la mayor cantidad de lágrimas que he logrado contar, fueron ocho mil lágrimas, cada una de diferentes azules y grises, sin embargo cada una de ellas llevaba la misma dosis de tormento. Este llanto hizo subir el río como dos metros, sin embargo, a los pocos días el río volvió a su normalidad, pues su problema ya había sido puesto en los hombros de alguien más, ya alguien del pueblito había bebido una de esas lágrimas.

El viernes pasado, ya a unos tantos kilómetros más lejitos de la ciudad, quedé abismado al ver un pelado sentado observando el río de tal manera que se veía desconectado del mundo, escuché por el pueblo que se llamaban Camilo, ¡pelado pa’ ser raro!; se quedó mirando al río por dos días seguidos, sin movimiento alguno. Después de ver esta actitud tan rara de este niño, me puse a charlar con mis amigos del pueblo,  en la tiendita de doña Inés dirán que soy bochinchero, pero como único interesado en los cambios del río Justa quería saber todo cuanto ocurría a sus alrededores. Después de charlar con mis compadres, me enteré que la madre de Camilo había sido la que había consumido las lágrimas derramadas por la señora Marina, por suerte él no fue uno de los protagonistas en esta cadena de tragedias, sin embargo la vida se le complicó a Camilo.

Tenía la mirada perdida en un sinfín de sentimientos, me daba un pesar verlo tan achicopalado y preocupado que hasta ganas me daban de salirlo a abrazar, sin embargo el culicagado ese era bien pila; en esos días en los que se quedó anonadado por los hechos, se dio cuenta que nada malo le volvió a ocurrir, no se enfermó, no tuvo problemas con la plata, ni con ninguna otra cosa. Cuando Camilo vio esto, y se sintió tan bien, le pidió a su familia que dejara de consumir de esa agua turbia y salada del río por un tiempo, y efectivamente ocurrió lo mismo con su familia, los problemas dejaron de aparecer.

Camilo decidió un día seguir por el camino del río hacia su nacimiento, a pesar del soroche por la alta montaña o el dolor de pies por la difícil caminata. Camilo sabía que debía hacerlo. Decidí seguirlo… kilómetros arriba me quedé observando el río; ya desde otro lugar, vi como una gran cantidad de personas se acercaban a llorar al río Justa, entre los arbustos vi a Camilo, quien me preguntó:

– ¿Sabes que pasó por acá? ¿Por qué hay tanta gente llorando en el río? ¡Juemadre! ¿Qué está pasando aquí?
–Yo sabía que vos te la ibas a pillar…
Camilo dijo:
– Mi mama sí me había dicho: “Mijito no pase ni reciba sal directamente de mano en mano, ojo con la sal que trasmite energías”.

¡Claro! Era un asunto de energías. Al recordar lo dicho por Camilo, yo entendí cómo era el cuento, la energía y la carga que lleva la sal en las lágrimas, esa es la cuestión.

No era que yo fuera malo al no haberle contado todo a Camilo, no le podía decir, pues los de la cuidad me mantenían observando todo el tiempo, ellos sabían que yo los había pillado, así que preferí ir olvidando el asunto.

Pasó la noche y vino el día, Camilo comenzó a echar montones de tierra a lo largo de todo el río, ni creas que terminó el mismo día, le tomó seis meses, cuatro días y dieciséis días tapar el río completamente. Sin embargo, de esta tierra brotaron un sinfín de minerales, árboles y plantas, que hoy en día nos ayudan a seguir viviendo y a aconsejarnos después de ser ingeridos o utilizados.

Ya hay frutos, en vez de ese río corrupto de las lágrimas.

The End

Gracias por leer mi escrito.