Cuando la tediosa charla sobre el amor propio terminó, me retiré de la sala lo más rápido posible y me dirigí hacia la puerta donde me dispuse a esperar a que mi mamá llegara. Después de unos minutos de esperar, Nicolás, el chico apuesto que vi al entrar, se me acercó y me dijo:
– Hola, ¿eres nueva aquí?
– Sí, es mi primer día, -dije encogiendo los hombros rápidamente y moviendo las manos.
– ¿Cómo te llamas?
– Emilia
– Mucho gusto Emilia, soy Nicolás.
– ¿También es tu primer día?
– No, he venido varios meses, pero no por mí, vengo a acompañar a mi hermana que es autista. ¿Y tú?, ¿tienes hermanos?
– No, soy hija única.
