Sobre la envidia

de Isabella Cabrera Sogamoso

Colegio Cañaverales. Grado séptimo.

Ilustración: Juan Pablo Saa. Grado 12B. Colegio Colombo Británico.

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No sé cómo nació este sentimiento, ya hace parte de mí, no se puede desvanecer en la razón de mis agitados días, me perturba cada noche, cada día me pregunto si este sentimiento será mi dueño eternamente. Soy infeliz, me juzgo y anhelo lo que los demás tienen, es un trago amargo diario, es cotidiano. Ando por ahí, interesándome en las pertenencias de los demás, es involuntario, siempre me fijo en lo más mínimo que todos tienen, lo que me falta a mí para tener una vida perfecta. 

Recuerdo que me obsesioné por una persona del trabajo, la chica nueva, me fastidiaba su sonrisa algo hipócrita, era fea para mi gusto, todos se interesaban en ella, no sabía por qué,  así que hice una pequeña investigación y lo descubrí, Sonrisa fea tenía un marido millonario, una gran casa con un lago de cuentos de hada, y yo tenía un departamento en el distrito, alquilado y sin marido ni novio, estaba sola y pobre, entonces me propuse a hacerle la vida difícil.

Debo admitir que al principio fue agotador, pero luego era como si hubiera nacido para esto, disfrutaba verla llorar, fracasando, uno de mis mejores actos, así los llamaba yo, fue la vez que cambié los informes y le di el equivocado, no podía negarlo, la chica era buena para su trabajo, pero estaba yo para hacerla sufrir. Uno de los sapos del trabajo me delató y todo me llevó a la pérdida de mi trabajo.

Ahora, estoy buscando trabajo, si alguno de ustedes me puede recomendar en su empresa, se los agradezco, soy buena en lo que hago y mientras no me den motivos, puedo ser muy buena con los demás. Por cierto, usted, niña, ¿dónde consiguió esa blusa?

The End.

Gracias por leer mi escrito.