El fin de la oscuridad

de Sebastián Quintero Calero

Gimnasio La Colina. Grado séptimo.

Ilustración: María Juliana Garzón. Grado 11. Gimnasio la Colina.

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Me levanté de mi cama y miré hacia la ventana, era un día nublado y todo estaba muy callado. Me puse mi ropa, la misma de siempre, negro y azul, una chaqueta, una camisa y un pantalón. Me dirigí a la escuela. Caminando hacia ella, de manera inesperada, escuché una voz en mi cabeza que decía: “Libera la oscuridad que yace en tu interior”. Observé a mi alrededor con esperanzas de encontrar a alguien, pero no había nadie, me asusté y me pregunté: “¿Quién es?, ¿quién me habla?”. La voz, repitió lo mismo: “Libera la oscuridad que yace en tu interior”.

Al cabo de un tiempo la voz me dijo: “Dirígete a la cueva ubicada al lado de tu escuela”. La insistencia y la curiosidad me tentaron a dirigirme hacia la cueva. Caminé hacia ella, en la entrada esperé un poco, respiré, tomé un poco de valor y entré. Adentro encontré una piedra muy grande y una espada de color negro enterrada en ella. Esperé un momento y la voz volvió a hablarme, esta vez me dijo: “Quita la espada de la piedra”. Tenía miedo, aunque mi curiosidad era mayor. Tomé el mango de la espada con firmeza y la levanté con todas mis fuerzas. Logré sacarla de la piedra, en ese momento el color negro de la espada comenzó a convertirse en plateado. El suelo empezó a temblar y del agujero que la espada había dejado en la piedra brotaron niebla y muchas sombras. Una extraña sombra me miró fijamente y se precipitó sobre mí y me atravesó. El temor corría por mis venas y mi corazón latía aceleradamente.

Corrí a mi casa y me encerré en mi cuarto, me dirigí al baño, me miré al espejo y de un momento a otro mi cabello dorado comenzó a tornarse negro, mientras por dentro sentía que algo también cambiaba, sentía algo que realmente era novedoso. Me pregunté: “¿Qué es lo que siento?”. Observé mi mano y la agité con suavidad, de ella salió una especie de niebla oscura, luego extendí mi brazo con fuerza y con rapidez, de mi mano salió ya no la niebla oscura, sino un viento turbio, que parecía cortar más que cuchillas y que destruyó mi espejo con una fuerza increíble y terminó rasguñando gravemente la pared. Mi madre corrió a mi cuarto y preguntó:

– ¿Qué está ocurriendo?

– No lo sé, so…solo moví mi brazo fuertemente y algo oscuro y afilado salió de mí – Le respondí con voz temblorosa.

Después de un largo silencio, durante el cual el rostro de mi madre se puso muy serio, ella por fin habló:

– No puede estar pasando, temía que esto ocurriera, tengo que confesarte algo…Hijo la verdad que te he ocultado todo este tiempo es que… tú tienes un padre, pero no es cualquier persona, él es Hades, el dios del inframundo.

¡No podía creer lo que decía mi madre! Con mucha curiosidad me preguntó:

– Hijo, ¿qué ocurrió hoy?

Tuve que contarle todo:

– Todo comenzó esta mañana. En mi cabeza escuchaba una voz sombría que me incitaba a ir a una cueva. Fui … y cuando entré en aquella cueva, descubrí que había una espada en una piedra. La voz me dijo que la sacara de ella, entonces…

– No puede ser, esa voz que escuchaste debió ser la de tu padre, él es un ser malvado y despiadado, pero… ¿por qué te habrá pedido que quitaras esa espada?, ¿qué es lo que sale de ti? – me dijo mi madre interrumpiéndome.

Finalizamos la conversación y mi madre abandonó la habitación. Al instante una voz resonó en mi cabeza diciendo: “Mi nombre es Atenea, diosa de la sabiduría y ayudo a héroes, hoy te convertirás en uno”. Atenea me explicó todo lo que ocurrió, me dijo que, al ser el hijo de Hades, me convertiría en un semidios y que en mi interior yacía un oscuro poder. Me explicó también que, al quitar la espada, se liberó la oscuridad encerrada por Zeus y esa oscuridad fue la que hizo que mi poder saliera a la luz. Atenea me comunicó que debía vencer a mi padre para liberarme de la oscuridad.

Me dirigí al inframundo, con ayuda de Atenea encontré la morada de Hades. Lo que no sabía era que la oscuridad dentro de mí me consumía y me quedaba muy poca luz interior. Finalmente iba a desafiar a Hades, pero era muy tarde, la oscuridad me consumió por completo y me vi enfrentado, obligado, condenado a quedarme con mi despiadado padre, para siempre… infinitamente.

The End.

Gracias por leer mi escrito.