Era un día de esos, como todos… tranquilo y familiar, mientras barría el balcón de la casa, escuché un motor ruidoso y fastidioso, pero no es un tractor, pensé. Escuchaba continuos disparos así que corrí de vuelta, dentro de la casa en busca de José, mi esposo. Desde adentro podía seguir escuchando los disparos más fuertes, cercanos y acompañados de llantos y gritos. El pánico se apoderaba de mí lentamente. Mientras tanto, José me decía, “vienen por mí”. No tuve tiempo de preguntarle a qué se refería, cuando de repente esos malandros tumbaron la puerta de mi casa a balazos y a gritos preguntaban – ¿dónde está su esposo señora? Mientras José trataba de escapar por el antejardín de la casa. El miedo no me dejó responder, mis hijos inocentes lloraban desgarradamente.
