Su hermoso labial rojo quedó plasmado en el delgado cilindro,
sellando el último beso que nunca pudo dar.
Las lágrimas caían acariciándole el rostro
mientras limpiaban cualquier imperfección.
Tenía la mirada perdida, pero a la vez penetrante,
y en sus ojos melancólicos se veía su alma lánguida.
Le habían roto el corazón
Apagándole su llama de vida.
Ella no creía en nada,
lo único seguro era la llegada del alba.
