Los días pasan, los meses corren y los años vuelan. El momento se acerca poco a poco, hasta que un día el destino te lleva al tren equivocado, en el aburrimiento decides observar tu reloj y notas que la cuenta regresiva está próxima. En ella ves siete minutos restantes, decides buscar en el vagón a la mujer de tus sueños, la que con amor has anhelado durante tanto tiempo. Vuelves a mirar, cinco minutos. El desespero entra en acción y el sudor brota de tu frente. Vuelves una vez más a dejar caer la mirada hacía tu muñeca y ves dos minutos restantes. Decides buscar en el siguiente vagón y, al entrar, la ves. Giras discretamente tu muñeca y por fin logras ver los ceros en el reloj. Te acercas con sutileza y en un movimiento abrupto del tren notas que la muchacha también tiene un reloj, justo como el tuyo. Decides echar una ojeada y confirmar lo que ya sabías, sin embargo, al verlo notas que su cuenta regresiva aún no termina.
Te quedas absorto en el pasillo del tren. El conductor anuncia la parada, las puertas se abren y la muchacha se desvanece entre la multitud, entonces te das cuentas de que, aunque ella siempre fue para ti, tú nunca fuiste para ella.
