Desperté diferente

de Samuel Palma Arana

Gimnasio la Colina. Grado octavo.

Ilustración: Mariana Díez. Grado once. Gimnasio la Colina.

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Al inicio de los tiempos, Olimpo era un lugar maravilloso. En él, los dioses compartían con sus hijos las experiencias de la eternidad. Todo era perfecto hasta que un día Zeus, mi padre, decidió experimentar conmigo, su hijo favorito. Me envió a un lugar muy lejano y lleno de incertidumbre, el planeta Tierra, para que así viviera como un simple mortal. Zeus, con su infinita bondad, me llamó Samuel, el dios del cuerpo. Mi misión era mostrarles a los humanos las diferentes etapas que sufre su cuerpo durante la adolescencia, así viviría diferentes experiencias en otras esferas. Como sabrás, los dioses no tenemos edad cronológica en el Olimpo, pero yo debía llegar a la Tierra como un niño, para así habitar entre los humanos. Esta es una de mis historias en esa extraña experiencia impuesta por mi amado padre…

Luego de un profundo sueño desperté aquí en la Tierra, era un 5 de enero y para la fecha tenía once años, solo con recordarlo se me eriza la piel…Ese día desperté, siendo un simple mortal, como es normal para ustedes, con ganas de ir al baño. Medio dormido pasé frente a un lugar muy luminoso, al que ustedes llaman espejo, y al admirar mi nueva figura terrenal noté algo raro en mi cara…. ¡oh dioses! ¿Acaso Zeus me había castigado con una inmensa erupción roja en mitad de mi frente o sería el inicio de mi trasformación en minotauro? Corrí por el pasillo de aquel lugar y encontré agua que brotaba de una llave, me lavé la cara con insistencia, pues creí que aún seguía dormido y solo quería despertar de aquella pesadilla en aquel instante.

Pedí ayuda a los dioses para que me levantaran el castigo, pues una cosa de esas solo puede ser un castigo. Di la vuelta y regresé, de seguro de que ya no había nada, pero no… ahí estaba aquel ser de otro mundo que quería invadirme, entonces, corrí asustado en busca de Zeus, pero me encontré con una simple mortal, que al verme sonrió como si me conociera, entonces le pregunté quién era y si sabía que me pasaba. Se acercó y maternalmente puso su mano en mi hombro y dijo:

– Hijo, dale la bienvenida a la adolescencia.

En verdad, no entendí nada, regresé para ver si encontraba el portal que me llevaría al Olimpo, pero, no logré hallarlo. Lo que sí continuaba ocurriendo era que aquel ser desagradable al que llamaban adolescencia, empezaba a ocupar casi toda mi cara y no mostraba ganas de irse. Así transcurrió aquel día. Finalmente me quedé dormido extrañando mi vida en el Olimpo. En un sueño Zeus me tranquilizó diciendo que me seguiría acompañando en todos mis viajes, ya que con esta primera vivencia empezaba uno de los mil viajes de la adolescencia.

The End

Gracias por leer mi escrito.