Ángel guardián

de Laura Cardona, María José Isaacs, Mariana Villegas

Colegio Colombo Británico. Grado décimo.

Ilustración: María José Isaacs. Grado 9. Colegio Colombo Británico.

Leer

Es una mañana como cualquier otra; el sol brilla como nunca, pero el ambiente se siente pesado en la casa. Me levanto del frío suelo, desorientada y con un dolor en el cuerpo que se apodera de mí, busco algo para entender la razón por la que amanecí tendida en el piso.

De pronto, escucho una suave voz que proviene de la sala. Camino hasta el cuarto y me desplomo en mi sofá dejando un escalofrío subir por mi espalda. La voz proviene del televisor, están pasando las noticias de las 7:00 a.m. Algo sobre el asesinato de una jóven.

“Una de las 10 mujeres víctimas de feminicidio este mes, identificada. Caliope González,  21 años, comprometida con Ángel Gómez. Los familiares ya han sido informados y prefieren no comentar sobre el tema. Se cree que el agresor es su comprometido, quién se encuentra desaparecido desde el incidente.”

No puedo creer lo que escucho. No puede ser. Repetí la noticia en mi cabeza, dándole vueltas al nombre de la víctima. Caliope Gonzalez, Caliope Gonzalez, Yo soy Caliope González.

Quiero negar todo lo que está pasando, es demasiada información. No, no es posible. Desesperada, busco evidencia y de pronto, lo recuerdo todo. Camino por la casa que una vez fue mía, aquellas paredes que una vez fueron tan cálidas ahora se ven tan frías. A medida que avanzo, hay algo que me atrae hacia la cocina. Sin saber qué es, decido seguir mi intuición. Al llegar a la cocina, un extraño recuerdo empieza a formarse en mi mente.

La soleada mañana se transformó en un oscuro espejismo. Ví un ángel que se acercaba, mí Ángel,  estaba hecho miseria en un charco de mi sangre, mi cuerpo sin vida tendido a su lado mientras lloraba desconsolado. Observé cómo su mundo entero colapsaba y  con todo el dolor del alma, se paraba sin lavarse las manos ensangrentadas y con una última mirada desaparecía en la luz del sol.

En ese momento comprendí. Estoy muerta. Lo que parece una tragedia por odio en realidad fue una tragedia de amor. Una noche como cualquier otra, Ángel llegó a casa y con él, un olor fuerte a aguardiente. No le di mucha importancia, ya que se había vuelto nuestra rutina desde que la empresa familiar había quebrado y Ángel había quedado desempleado. Tuvimos una pequeña discusión y él llegó a su punto de quiebre.  Mi propio novio al que amaba con toda mi alma, me había apuñalado.

Recuerdo la locura y el dolor en sus ojos, esos ojos que una vez amé, que me miraban fijamente mientras me desplomaba. Recuerdo el metal fino de la navaja recién obsequiada por su padre, penetrando mi piel y creando una piscina de sangre.

No odio a Ángel por lo que hizo, y creo que nunca lo voy a poder odiar. Lo único que espero es que mi muerte no sea en vano. No espero rosas ni lágrimas, sólo quiero que todas las mujeres aprendan que ser mujer no debería matarte. Yo espero encontrar paz, y que otras encuentren paz y fuerza en mi historia. No necesitan depender de un ángel, sean su propio ángel guardián.

The End

Gracias por leer mi escrito.