Al cabo de un tiempo la voz me dijo: “Dirígete a la cueva ubicada al lado de tu escuela”. La insistencia y la curiosidad me tentaron a dirigirme hacia la cueva. Caminé hacia ella, en la entrada esperé un poco, respiré, tomé un poco de valor y entré. Adentro encontré una piedra muy grande y una espada de color negro enterrada en ella. Esperé un momento y la voz volvió a hablarme, esta vez me dijo: “Quita la espada de la piedra”. Tenía miedo, aunque mi curiosidad era mayor. Tomé el mango de la espada con firmeza y la levanté con todas mis fuerzas. Logré sacarla de la piedra, en ese momento el color negro de la espada comenzó a convertirse en plateado. El suelo empezó a temblar y del agujero que la espada había dejado en la piedra brotaron niebla y muchas sombras. Una extraña sombra me miró fijamente y se precipitó sobre mí y me atravesó. El temor corría por mis venas y mi corazón latía aceleradamente.
