El túnel que habito

de Pedro Durán

Gimnasio la Colina. Grado once.

Ilustración: María Camila Londoño. Grado 11. Gimnasio la Colina.

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(Texto inspirado en la novela El Túnel de Ernesto Sábato)

Los hombres y su megalomanía me cansan cada día más. Nos creemos tan importantes que pensamos que nuestras acciones tienen alguna relevancia para el resto del mundo. Tenemos un pensamiento simplista e incoherente. A veces pienso que mi manera de ver el mundo es una maldición de la coincidencia, aprenderán que me llamo Pedro Durán. No, nada que ver con los personajes que se imaginan. Casualmente, vivo en Cali y amo los relatos que transcurren en el siglo pasado ¿Mi delito?, idolatrar a Andrés Caicedo y Tyron Gonzales, creyente fiel de sus frases de realidad. En mi mesa de noche, una pila de libros que no sacian mis interrogantes sobre la vida y, al lado, la única cosa que me apega al mundo, mi MP4 con todos los álbumes del Cancerbero.

Recurro al maestro, abro mi laptop, toco las teclas y recaigo en la búsqueda de respuestas. Tal como lo pensé, no encuentro nada, solo idioteces que conforman a las mentes simplicistas del común. Puedo sonar algo soberbio, pero es la única manera de expresarme. A los hombres no los desprecio, al contrario, los admiro, admiro su forma de vivir tan simple, su felicidad es mi maldición, sueño con ser como ellos, y vivir como ellos. Lectores, romperé la cotidianidad de mi escrito para preguntarles ¿por qué viven? La verdad yo ya perdí el sentido de la vida. Y en este instante tuve la maldición de reencontrarme con la realidad. Recaigo en la cama, miro al techo, me refugio en un paraguas de palabras e historias, calmo mi ansiedad. Termino, me siento, lloro, lo miro, me mira, le pregunto “¿Por qué?” Me responde “¿por qué no?” Lloro y pienso “¿por qué sí?”. Me responde “¿Por qué no?, al fin y al cabo, si vives o mueres no tiene sentido, el mundo sigue girando, las personas que prometieron recordarte morirían y tu vago recuerdo desaparecerá. Recuerda que tus acciones no afectarán en nada al universo que seguirá girando, construyendo y aniquilando mientras tú estás estresado por hacerte notar. Este es tu túnel eterno, la culpa de la liviandad de tu alma…”. Alguien toca, no lo deja terminar. Me levanto y abro la puerta. La miro y su mirada me corresponde. Sonríe como sólo ella sabe hacerlo y escucho gritar mi corazón gritar en cada pálpito mientras se desvanece. Su sonrisa aclara mis dudas, ilumina mi túnel, le da pesadez a mi alma. La veo, la admiro, le devuelvo el gesto, la saludo y mi mundo se aclara. Recaigo en la estupidez del hombre del común que me hace amar la vida como la amo ella.

The End

Gracias por leer mi escrito.