Corrió, corrió lo más rápido que pudo por aquellas calles pavimentadas pero no lo logró. El semáforo ya había cambiado a verde. Debió presentir que no llegaría a tiempo, pero aunque lo sabía tenía la esperanza de que alcanzaría a cruzar la calle. No se sentía culpable por ser tan ingenuo al fin y al cabo así eran los humanos.
La lluvia era tan fuerte que apenas podía ver por donde iba, salir de casa era una acción suicida pero a él no le importaba. Una vez que el semáforo cambió de color, pasó la calle tranquilo, sin prisa. Se tomó su tiempo para mirar hacia dónde iba y en medio de aquella acción vio a alguien correr hacia él, o eso le hubiera gustado creer.
