Una triste realidad

de Federico de Lima

Colegio Colombo Británico. Grado décimo.

Ilustración: Laura Chávez. Grado noveno. Colegio Colombo Británico.

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“Tuve la suerte de ser arrojada bruscamente a la realidad.”
–      Ana Frank

El mundo era caótico, la temperatura había aumentado 3 grados en los últimos años, trayendo la degradación más rápido de lo esperado.  Las calles vivían cubiertas de basura y se respiraba el exosto vivo. Los pobres caían en un hueco más estrecho, mientras que los ricos compraban casas más grandes; la taza de café era mil veces más pequeña que la del desempleo. Había guerras por doquier, todas con distintos pretextos, como la religión, la corrupción o el poder; pero todas con una misma raíz, la intolerancia y falta de empatía. Los gobiernos tomaban decisiones despóticas, incrementando la brecha de la desigualdad, promoviendo la desorganización y acabando con los recursos públicos y la democracia.

María era una inocente alma en este cruel Medellín  de los 90. Su niñez estuvo extraviada de los problemas que ahogaban a la sociedad; nunca supo que su padre, un jardinero desplazado por la violencia, trabajaba 14 horas diarias en distintas casas, para brindarle una educación digna. Tampoco conoció la finca que su madre, una empleada de servicio, perdió al paramilitarismo; por la cual el gobierno nunca respondió. Iba a un colegio privado, donde era discriminada por su baja posición social; en las tardes jugaba en un parque con columpios compuestos de moho y carruseles oxidados.

María creció, era curiosa, estudiosa y dedicada, su educación la volvía consternada por el medio en el que vivía, y mostraba habilidades de liderazgo para luchar contra estas problemáticas. Tenía sueños y se esforzaba por hacerlos realidad; en el futuro se veía como una profesional, trabajando por su comunidad, su ciudad y su país. Sus sueños no duraron mucho, al poco tiempo no fueron más que cenizas. Un día como los demás, con 13 años recién cumplidos, María alcanzó la noche  en el colegio produciendo un cuento para un concurso literario. Corrió a su casa, atravesando los callejones de siempre, pero en el último, la cubrió la oscuridad.

Se defendió con todas sus fuerzas y gritó a todo pulmón , pero su virginidad de niña, se esfumó con el  frío viento de la noche. Al día siguiente fue encontrada por su madre; se sentía aterrada y prefería morir a vivir. Pasaba los días tirada en su cama, carcomida por la sensación oscura y el recuerdo de aquel callejón. Con el discurrir del tiempo María fue enviada a tratamiento clínico; estaba extraviada en los hospitales, no conectaba ideas ni pensamientos y  se sentía ahogada por el recuerdo de esa noche. Poco a poco se fue recuperando, la confianza volvió a su ser y así mismo las palomas blancas de los sueños. Un aire de la esperanza se respiró de nuevo en el hogar, pero la vida no fue normal, el recuerdo seguía marcado en la memoria.

Nuevamente la suerte, esa cruel moneda, a María volvió a tumbar cuando descubrió que estaba embarazada. María veía su futuro volverse añicos. No sabía cómo podía cuidar y mantener a un bebé,  solo podía llorar. Sus padres la apoyaron nuevamente, dieron hasta el último suspiro por sacarlos adelante, sin embargo,  decidió dejar sus estudios y esperanzas, trabajando desde los 15 para contribuir al mercado familiar y la educación de su hijo. Los sueños, el progreso y la esperanza, no formaban parte de la realidad a la que María y su familia pertenecían.

The End

Gracias por leer mi escrito.