Invierno en la casa blanca

de Mariajosé García Flórez

Colegio Bolívar. Grado séptimo.

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Plic, plic, plic…

Afuera de la pequeña casa blanca ubicada en el tope de la montaña, las últimas lágrimas del cielo caían sobre el piso mojado.

Tic-tac, tic-tac…

Las manecillas del antiguo reloj de madera se movían con el paso del tiempo, cada segundo formaba  minutos eternos.

Hiiic, hiiic, hiiic…

El ratón que habitaba la pared al frente del sillón azul,  parecía comer algo envuelto en sus diminutas y pálidas patas.

Todos estos sonidos eran tan frustrantes como familiares. De la misma forma que quemarse con café recién hecho es común e irritante. Era una de esas mañanas de invierno, donde la mente se separa del cuerpo mientras éste se mantiene inmóvil. No había nada mejor que hacer sino mirar hacia la pared. Todo eso era parte de una rutina sombríamente mundana, desprovista de toda emoción, una rutina que no parecía acabar.

Todo eso era parte de su deslucida rutina. Todo eso, menos el tocar de la puerta.

Toc- toc

Apenas la puerta se abrió, la rutina terminó.

Bang
El fulgor de un disparo.
Y la casa blanca se pintó de un color parecido al de las flamantes rosas que florecen cuando el invierno termina.

The End

Gracias por leer mi escrito.