Traición

de Juliana Obando

Colegio Colombo Británico. Grado décimo.

Ilustración: Luigi Ceballos. Grado sexto. Colegio Colombo Británico.

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Eran las 6:30 p.m  de aquel jueves y estaba a punto de oscurecer. A esa hora cambiaba turno con mi compañero todos los días en el restaurante Phillies. Ese restaurante era muy importante para mí ya que fue herencia de mis papás y de la familia. Llegaron varios clientes, los estaba atendiendo, cuando se escucharon unos gritos más agudos que los de un timbre. Parecían venir de al lado de la panadería del frente. No me alarmé porque muchas personas gritan, hasta yo he gritado por bobadas.

Pero empecé a preocuparme ya que vi pasar patrullas de la policía y un carro forense. Todos mis clientes se habían ido, estaba solo en el restaurante, sin nadie que me cuidara la espalda, a las 7:40 pm  la calle estaba totalmente sola y me debatía entre  quedarme trabajando o ir a ver qué había sucedido. Pasaron horas desde la tragedia y por fin pude saber lo que había pasado. Uno de mis clientes más frecuentes y muy buen amigo, vino a visitarme y me contó lo ocurrido. Me comentó que en el edificio donde él vivía un señor había asesinado a su familia y luego se había suicidado, quedé muy intranquilo después de esa charla, ya que este lugar no era seguro y para empeorar las cosas había rumores de que el hombre no se había suicidado y había escapado de la policía.

Muy inquieto me fui al baño y me lavé la cara, cuando salí le pregunté al cliente si quería algo de tomar, pero no hubo respuesta. Me dirigí al bar y alcancé a ver que dos hombres conversaban fuera de mi restaurante, parecía ser algo serio, me preocupaba que estuvieran gritando y peleando. Había algo muy sospechoso que me produjo temor. Me paralicé y no pude reaccionar. Estaba a punto de llamar a la policía, pero una voz muy ronca me dijo “me gustaría tomar un vaso con agua por favor”. Se me puso la piel de gallina. Di la vuelta muy lentamente, vi la cara de mi cliente. Con el corazón a millón le dije:

-Sí, ya se lo traigo.
-Gracias-me respondió.
-Pensé que se había ido- le dije.
-Noo, estaba afuera haciendo una llamada- Me contestó.

Un hombre y una mujer se acercaron al bar, nos saludaron muy amablemente y nos explicaron que eran de la policía forense y que tenían que investigar la muerte de una familia. Nos advirtieron que tuviéramos cuidado y que si veíamos algo sospechoso llamáramos a su número.  Ambos policías revisaron el lugar, tomaron fotos de las calles, sonrieron y se fueron.

-Voy al baño, ya vuelvo- dijo mi cliente.
-Esta bien- le dije.

Asumí que algo le había caído mal ya que llevaba su mano sobre el estómago. A las nueve como era mi costumbre vi las noticias.

-“Oyee, muévete, ya va a empezar el noticiero, hay que saber de ese psicópata.”, le grité.

Mientras mi cliente salía, encendí la televisión y una imagen se adueñó de toda la pantalla. Empecé a sudar como nunca había sudado en toda mi vida, sentía un aire frío, que se adueñaba de todo mi cuerpo , sentía  que me iba a desmayar y lo único que recuerdo antes de que eso pasara fue una voz diciendo

– “No te preocupes amigo, yo nunca te haría lo que les hice a ellos”.

The End.

Gracias por leer mi escrito.