Nacimos para morir

de Cristina Muñoz

Liceo Francés. Grado octavo.

Ilustración: María José Isaacs. Grado 9. Colegio Colombo Británico.

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Era un día lluvioso. Últimamente había estado lloviendo mucho en aquella ciudad que solía ser tan soleada. Le resultaba molesto, tedioso. No le gustaban los días así, fríos, tranquilos, le hacían creer que no había nada de qué preocuparse cuando en realidad había todo por lo que preocuparse. En días como ese solía salir de casa, a veces pensaba que era un masoquista que prefería salir y mojarse a causa de la lluvia en vez de quedarse en la tranquilidad de su casa. Ya no había nada que pudiera hacer al respecto, hacer aquello ya era una manía.

Corrió, corrió lo más rápido que pudo por aquellas calles pavimentadas pero no lo logró. El semáforo ya había cambiado a verde. Debió presentir que no llegaría a tiempo, pero aunque lo sabía tenía la esperanza de que alcanzaría a cruzar la calle. No se sentía culpable por ser tan ingenuo al fin y al cabo así eran los humanos.

La lluvia era tan fuerte que apenas podía ver por donde iba, salir de casa era una acción suicida pero a él no le importaba. Una vez que el semáforo cambió de color, pasó la calle tranquilo, sin prisa. Se tomó su tiempo para mirar hacia dónde iba y en medio de aquella acción vio a alguien correr hacia él, o eso le hubiera gustado creer.

Antes de que pudiera darse cuenta ya se encontraba al otro lado de la calle.

¿Ahora qué? Pensó aquel pelirrojo.

No tenía un lugar en particular al que ir, solo se había dejado llevar por el mismo tonto impulso de siempre.

Vio que el semáforo había cambiado otra vez, volvía a encontrarse en verde. La persona que había visto antes se encontraba ahora a su lado esperando con impaciencia a que el color del semáforo cambiara. Era un hombre alto, con cabello negro y facciones marcadas. Sonrió cuando se dio cuenta que también tenía los ojos claros, de un azul oscuro y profundo. Sonrió, .sonrió con burla, con cinismo ante la aparición de aquel hombre.

El semáforo volvió a cambiar y una idea retorcida cruzó por su mente al ver un carro a lo lejos. No era la primera vez que se le pasaba por la cabeza una idea como esa, ya lo había hecho antes así que ¿por qué no hacerlo otra vez?

Llamó al hombre. La primera vez no lo escuchó o quizás solo lo ignoró. Pero él no era el tipo de persona que se rendía fácilmente así que lo llamó una segunda vez. Esta vez se volteo hacia a él. El hombre lo miró molesto ¿que quería ese niño? Él no tenía tiempo ni paciencia para tonterías.

“Nada, ya puedes cruzar la calle” dijo el pelirrojo.

El ojiazul se sintió furioso pero no dijo nada y cruzó la calle, cruzó la calle sin darse cuenta que un auto venía a toda velocidad. Ya era demasiado tarde para darse cuenta, aquel auto ya lo había atropellado. El niño sonrió con malicia y satisfacción ante aquel suceso, había hecho su buena acción del día.

Si las personas se enteraban que él había causado todo aquello no lo entederían.No entederian que él le había hecho un favor a ese hombre. Era una persona que se encontraba destrozada, lo había notado cuando vio sus ojos hinchados quizás de cansancio y llorar mucho. También se había dado cuenta por su vestimenta que venía o iba a un funeral.Había perdido a un ser querido.Y aunque todo aquello que creía no fuera cierto ya no había nada que pudiera o quisiera hacer al respecto.No creía realmente que lo que había hecho estaba mal al fin y al cabo todos habíamos  nacido para morir.

El pelirrojo sonrió,se dio la vuelta y siguió su camino, ya sabía a donde iría.

The End

Gracias por leer mi escrito.